De un empresario de Rosario, Santa Fe. 

LAS RELACIONES, NUESTRO MÁS VALIOSO CAPITAL

Inicié, con el acompañamiento de dos amigos que adhieren también a los principios de EdC, en el 2004 un proyecto gastronómico en un bar del microcentro. Tres años después nos vimos en situación de cerrar la empresa, por falta de rentabilidad, con pérdida de gran parte del capital, pero saneando totalmente la economía de la empresa, ya sea con proveedores, locador, fisco, y empleados por sobre todas las cosas. El saldo económico de este periodo no fue bueno, pero si en relaciones con todos los actores y entre los socios. Por eso, el deseo de repetir los intentos.
Se sucedieron años complejos en lo laboral, con dificultades incluso para la subsistencia de mi familia en algunos momentos. Hace unos meses, providencialmente, me llega a través de un amigo el ofrecimiento de instalar una Cantina dentro de una empresa con 1200 empleados, todos potenciales clientes. Este amigo se ofreció incluso a facilitarme el capital para poder abrir el negocio. Fueron fundamentales las charlas con un consultor amigo, quien aportó a la EdC su capacidad profesional haciéndome ver la mejor manera de encararlo.
El 12 de Mayo abrimos La Cantina, con todo el equipamiento financiado y una expectativa de ventas que se superó en un 100%. Hoy damos trabajo a 10 personas, con distintos tipos de cargas horarias, más acordes a las posibilidades de las personas que a las necesidades de la empresa. Todos los que trabajamos teníamos extrema necesidad de hacerlo, porque ninguno de los 10 tenía otro trabajo. La búsqueda del personal fue una experiencia de necesidades mutuas que se satisfacen, bajo las condiciones de la caridad como regla de convivencia y acordando de común acuerdo las remuneraciones de acuerdo a las posibilidades.
Los Socios son mis amigos del primer proyecto, que siempre me apoyaron y siguieron estimulando para nuevos proyectos, siendo personas de consulta permanente y apoyo moral y económico si hubiera sido necesario, pero la Providencia se les anticipó.

DAR Y RECIBIR, PARA VOLVER A DAR

La Cantina, en lo personal, además del factor económico, me permite no sólo la relación con los compañeros de trabajo en forma muy estrecha por el tipo de actividad, sino también transmitir buenas energías a las cientos de personas a las que diariamente se les brinda desayuno, almuerzo, merienda, cena; o bien cualquiera de los demás servicios y productos que vendemos. En estos dos meses, con muchos clientes se crearon relaciones muy cordiales, siempre tratando de transmitir la alegría y felicidad de tener trabajo y poder darle también trabajo a otros, así como disfrutar de la vida que es un regalo de Dios.
Con el personal debí realizar algunas pruebas pero con poquísimos cambios. A algunos de ellos ya le pude adelantar pagos y también dar préstamos, trasladando la financiación que el dueño de la empresa me otorgó a mi por muchos años de amistad y de trabajo en 2 oportunidades anteriores.
La semana pasada pude vivir la cultura del dar concretamente más alla de los límites de la empresa, cocinando los almuerzos y cobrando solo el costo de los productos directos a un grupo de jóvenes que se encontraban para formarse en al cultura del dar y organizar actividades solidarias, siendo esta ganancia donada un aporte para la EdC, junto a algún efectivo que me permitió sentirme protagonista de algo tan grande. Si bien, durante muchos años me he sentido parte tratando de aportar talentos, tiempo, dolores, e incapacidades que solo Dios conoce.


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