Por Julio Ruiz 

 

*DESGRABACION DE  LA PONENCIA REALIZADA CON MOTIVO DEL XXXV ENCUENTRO DE EDC PARA EL CONO SUR, 24 - 26 DE ABRIL DE 2015

 

El lema de la invitación era “Sí a la economía de Comunión” y el tema de nuestro encuentro como el del encuentro internacional de EdC en Nairobi será la pobreza.  Para nosotros la pobreza tiene como causa principal la falta de comunión. Cuando vivimos la comunión vivimos la virtud de la pobreza, entonces los bienes circulan y no sólo nadie tiene necesidades insatisfechas, sino que todos vivimos dignamente. Pero cuando no se vive la comunión, los bienes se retienen y no llegan a quien los necesita. Sin embargo, esta es una visión limitada de la comunión, porque además de hacer circular los bienes, es la comunión la que genera riqueza. Esta idea está muy lejos de la lógica habitual en economía, donde –en todo caso- el afán de lucro genera la riqueza y otras instituciones guiadas por la solidaridad o la justicia social la re-distribuyen. Pero no es un desvarío, lo que sucede es que las categorías propias de la cultura del tener, del poder y del individualismo no logran “ver” el fenómeno de la comunión.

Para descubrir este hecho hace falta tener una mirada distinta. Muchas propuestas de renovación fracasaron porque no cambiaron la mirada. Por ejemplo si una persona se propusiera ver los mil distintos tonos de verde de los paisajes de Catamarca y tiene puestos unos anteojos verde-oscuros, será muy difícil que cumpla su propósito. No se trata de una cuestión de méritos o esfuerzo, sino más bien de una cuestión “técnica”: el color de esos anteojos impide distinguir los distintos tonos de verde, y peor aún, puede confundir el gris claro con verde y el amarillo con verde claro... ¿es imposible distinguir esos mil tonos de verde? No, pero el primer paso es cambiar de anteojos...

Pero, ¿cuáles son nuestros anteojos, de dónde provienen?

La EdC nace de un Carisma, no vamos a definir aquí que es un Carisma, pero es importante retener algunas ideas:

a) Se trata de una Vida que porta en sí una novedad para este tiempo, y se comprende a partir de vivirlo.

b) Como el Carisma es vida, no sólo propone un estilo de comportamiento distinto, sino que trae las herramientas para hacer posible ese estilo distinto.

c) Es una novedad de este Carisma “ver” el mundo a través de siete aspectos:

El primero es la comunión.

El segundo es la  irradiación, porque la vida naturalmente  sale fuera. 

El tercero, la ética y la espiritualidad se refiere a la pérdida. La idea de “perder” como algo útil o bueno casi no existe en nuestra cultura occidental, pero es clave en nuestra vida.

El cuarto aspecto se refiere al medio ambiente natural y la vida física.

El quinto se refiere al medio ambiente construido y su armonía.

El sexto aspecto se refiere a la cultura y el estudio.

Y el séptimo a la comunicación.

Nos vamos a centrar en el  primer aspecto, en la comunión, es decir la donación recíproca de los bienes. Como se trata de una donación, cada participante toma la iniciativa gratuitamente,  sin esperar una retribución presente o futura. Pero la gratuidad no sólo está en el dar, quién recibe el don, debe recibirlo gratuitamente, sin obligarse ni obligar, en este caso, recibir gratuitamente significa recibir libremente. ¿Y el que tiene sólo necesidades? ¡Pues dona sus necesidades! En nuestra experiencia éste es uno de los dones más difíciles, porque como dice el Martín Fierro “sangra mucho el corazón del que tiene que pedir”.

Como es donación recíproca se está atento a la respuesta porque sin reciprocidad no hay comunión. En nuestra visión el centro es el otro, el prójimo, el hermano, entonces nuestra idea de desinterés es que me interesas vos, no la retribución que me das. Mi don queda trunco si vos no lo recibís. Tu respuesta es un indicador si mi don fue bueno para vos. Desde una visión individualista el desinterés máximo es el del altruista que no espera nada. Pero, el altruista de la teoría económica no logra salirse del centro para poner en el centro al otro.

El fundamento de la comunión de bienes es ser consecuentes con el hecho de que todos somos miembros de una sola humanidad, es hacer concreta la “fraternidad universal” que nos dice que esa humanidad es una familia, y en una familia resulta lógico compartir y hacer circular los bienes.

La comunión incluye todo tipo de bienes: espirituales y materiales, tangibles e intangibles, bienes relacionales, información, conocimiento...

La comunión de bienes vivida –que es el antecedente directo de la EdC-tiene un orden, una organización, una armonía. Por ejemplo, la comunión de los bienes materiales sigue a la comunión de los bienes espirituales porque es el reflejo de ella.

Si vamos más allá de las apariencias, el hombre siempre termina donando su vida. Al menos esa es nuestra vocación común. Aquellas personas que son puestas como ejemplo en los más diversos ambientes, son aquellas que dedicaron su vida a algo que los trascendía, que iba más allá de sus “satisfacciones” personales, y no me refiero sólo a los santos, sino a personas como Albert Einstein, Steve Hawking, René Favaloro, Placido Domingo, ...., Henry Ford... quizás algunas de estas personas no sean consideradas bienhechores de la humanidad, pero todas dedicaron su vida a algo que las trascendía.

A pesar de la cultura del tener que nos “ciega” a estas evidencias, siempre terminamos donando la vida (no sólo en el trabajo, también en la familia, el barrio, etc.). Entonces la vida es algo a cuidar, tanto la de cada uno, como la de la comunidad. Y si nuestra realidad es que terminamos donando nuestra vida ¿qué sentido tiene retener algún tipo de bienes?

¿Pero cómo es que la comunión genera riqueza?

A través del trabajo el hombre se dona a si mismo y recibe el don de la naturaleza, es en esta comunión que se genera la riqueza; y en general todas las teorías económicas reconocen al trabajo la capacidad de generar riqueza a partir de elementos pre-existentes. Falta el paso de reconocer a la comunión, pero nos estamos acercando...

Entonces, el primer aspecto de nuestras comunidades productivas, es decir nuestras empresas, es el trabajo-comunión y la comunión del trabajo.

Como la vida es concreta, tomemos por ejemplo la producción del taller de artesanías, aquí en la Mariápolis. ¿Dónde comienza un payasito, un pesebre, un reloj, o cualquiera de las otras figuras que podemos encontrar en la exposición?

Cuando viví en la Mariápolis, muchas veces comenzó con un llamado de la estancia vecina a nuestro carpintero para que buscara algún árbol que la inundación y el viento habían tirado. Aquí hay un don, un acto de gratuidad –quizás imperfecta- pero característico de la comunión. Y nosotros respondíamos perdiendo nuestro plan de trabajo y organizándonos para ir a buscarlo lo más pronto posible. Don-Gratuidad-Reciprocidad son claves para la comunión.

Pero la comunión no se cierra en una comunidad productiva, sino que se abre a otros, como en este caso a los vecinos que nos donaban el árbol, la comunión se irradia fuera de la comunidad productiva, va más allá de sus límites. Y esta es una característica constitutiva de la comunión. En aquella época, hubo una profunda crisis en la economía argentina, y se vendía bastante poco. Ahí tomamos conciencia que nuestro trabajo se había hecho “artesanías”, pero para que nos diera de comer, esas artesanías debían ser compradas por otro. Es la comunión con el cliente que está fuera de la empresa la que realiza, consuma, concreta el valor económico.

Un hecho clave, que puede pasar desapercibido, es que si los vecinos no perdían ese árbol y nosotros no perdíamos nuestros planes, no hubiera habido comunión. La comunión implica una donación recíproca, y quien dona, pierde lo que da. Siguiendo el proceso productivo, si el árbol no perdía la vida, era imposible que se hiciera tablones; cuando trozamos los tablones, los tablones dejaron de existir; cuando calamos las figuras, los trozos dejaron de existir, y así sucesivamente; es más, para que una “artesanía” tenga valor económico debe dejar de existir en nuestros estantes y como objeto de comercio.

Más allá de la fantasía de la cultura del tener, que nos indica mirar solo lo que recibimos; dónde no hay disposición a perder algo por los otros, no hay comunión, ni comunidad, ni sociedad. Del mismo modo, cuando todos queremos hablar y nadie “pierde” ese deseo y por lo tanto hace silencio, el diálogo se hace imposible.

En este proceso productivo era necesaria la comunión dentro del equipo de trabajo. Toda comunión se da en una comunidad de personas, no existe la comunión en abstracto. Hay una relación virtuosa entre comunidad y comunión: cuanto más comunión hay, más sólida es la comunidad y más profunda se vuelve la comunión y así sucesivamente. Desde este punto de vista, toda empresa “es” una comunidad de personas, el “problema ético” es si se lo reconoce y actúa en consecuencia o no.

Además, en todo este proceso productivo está presente la comunión con la naturaleza, para trasladar el árbol había que trozarlo, pero no se podía hacer cualquier modo; había que ver que tipo de madera era, como eran sus vetas, si tenía nudos, etc., y lo mismo sucedía cuando se cortaban los tablones, etc.

Pero ¿y el maltrato al medio ambiente?  En nuestra historia occidental no hubo una comunión plena con la naturaleza, porque ella nos donó, perdió, esos recursos, ¿y nosotros qué perdimos?

La comunión en una comunidad productiva es organizada, prolija, y tiene una armonía que abarca desde el ambiente físico de trabajo (edificios, playas de trabajo, disposición física de los puestos de trabajo, y de las maquinarias etc.) hasta la estructura jerárquica y funcional de la empresa, pasando por las reglas de juego que se da esa comunidad.

Del mismo modo si en los grupos que luego conformaremos NO nos ponemos en una forma tal que todos podamos hablar y escuchar y adoptamos alguna regla para que no hable uno sólo todo el tiempo, no habrá diálogo y, probablemente, tampoco comunión.

Estos argumentos nos pueden llevar a pensar que la EdC es para empresas donde todos se conocen personalmente, pero el fundamento de la experiencia de comunión es la fraternidad universal. Lo social para nosotros son todas las instituciones, prácticas, reglas que hacen posible la vida de la comunidad a gran escala. La pobreza es un signo de que nuestras sociedades no son armoniosas, la pobreza también genera relaciones sociales, algunas de las cuales son valiosas y nuestra visión no puede desconocerlas, pero otras son relaciones sociales enfermas, y aquí hay que cambiar estructuras sociales, ya en 1961 Chiara Lubich –la fundadora de la EdC- afirmaba que con la comunión de los bienes se quería resolver el problema social. Como colofón, la EdC incluye grandes empresas, todavía somos pocos, pero los primeros pasos nunca son el fin del camino.

La comunión también incluye bienes no materiales, además de experiencias e información, incluye nuestro pensamiento. Pero la comunión de ideas no significa uniformidad, ni un cierto pluralismo dentro de una síntesis. La comunión de pensamiento se caracteriza por la “unidad en la diversidad”. Chiara Lubich nos compartía su experiencia: cuando Natalia y ella lograban la unidad de pensamiento, no es que ella dejaba de pensar como Chiara, sino que además de su pensamiento ahora tenía dentro el pensamiento de Natalia y viceversa. Obviamente esta experiencia puede modificar nuestro modo de pensar porque aprendemos algo nuevo, pero no se trata de negociar o de hallar una síntesis. La comunión no es una instancia que revela las únicas ideas válidas sobre algún tema. El resultado de la comunión de ideas no es una idea única, sino el enriquecimiento intelectual de todos los participantes.

Una novedad del Carisma que da origen a la EdC es que la comunión es el “alta voz” de las exigencias más profundas de cada uno. Cuando uno dona algo que siente o piensa, y los demás donan su silencio, no esperan su turno para hablar, sino que reciben ese don como lo único importante,ese silencio ayuda a acallar las otras voces que tenemos dentro (culpas, miedos, reproches, ideologías, etc.) y poco a poco queda resonando sólo aquello que tenemos en lo más profundo de nuestro ser. Pero esto no es magia, es una práctica que requiere también, después de donar lo mío, “perder” y hacer yo ese silencio para que el otro done lo suyo, que puede ser, incluso, un punto de vista opuesto al mío.

Entonces perder y hacer silencio pocas veces es “callar y guardar”, la mayoría de las veces es donar mi silencio y luego, también donar mi parte comunicándola. Ante la cultura del tener que nos plantea que la información es poder, la comunión nos desafía a ser pobres de la información que tenemos. Sólo la información que no donamos puede ser “poder”, ser pobres -en este caso- implica hacer circular la información que tengo. Porque la comunión hace que los bienes circulen hasta quien los necesita.

La circulación también se vincula con la pobreza. Si los bienes circularan libremente llegarían a todos los que lo necesitan, pero los hombres hemos inventado "compuertas" que impiden que el agua siga adelante, así unos llenamos nuestras piscinas y otros, aguas abajo, padecemos (y morimos de) sed. Y esta no es una visión ética, permítanme una experiencia - ejemplo. Cuando trabajaba en Neuquén, en la Universidad del Comahue, teníamos un edificio nuevo en cuyo estacionamiento se habían plantado árboles que había que regar. El primer encargado utilizó la pendiente (2 metros de altura en 50 metros de largo): Hizo un canal que unía todas las tazas de los árboles, abría la canilla externa que llegaba hasta el primer árbol, se llenaba la primera taza y por el canal llegaba a la segunda y así sucesivamente. El primer árbol creció mucho, los dos que lo seguían bastante y el resto era un palito. Los docentes nos peleábamos por esa sombra, y la canilla estaba abierta al máximo siempre. Con la rotación de personal vino otro responsable que cambio el sistema: tomó una manguera dura del largo del estacionamiento, la cerró en un extremo, el otro lo conectó a la canilla y con un clavito hizo un agujero a la altura de cada tronco. Abrió la canilla a la mitad y todos los árboles comenzaron a crecer parejo. ¡Con menos agua, crecían todos! Entonces ¿Les parece que es un problema de interpretación moral decir que el agua que necesitaban todos para crecer, antes estaba en las tazas de los tres primeros árboles? ¿O se trata de un problema "técnico"?

La pobreza, nos plantea el desafío de utilizar la inteligencia para hacer de la comunión no solo una linda experiencia grupal, sino una alternativa de organización social, que como propuso Chiara tenga escala global, el mundo de hoy necesita “globalizar la comunión”.

 

[1] José Hernández, “Martín Fierro”  #4650

 

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